miércoles, 23 de julio de 2014

El Mirón de la calle - Cuando llegan las noches de invierno

CUANDO LLEGAN LAS NOCHES DE INVIERNO

Por ahí vamos los que pasamos una extensa soledad en la vieja casa desguañangada, y sin afeites, pues lo años   como los que uno tiene también las destartalan.

Por cierto, cada vez que asomo al ante jardín, no falta esas consuetudinarias corridas de cortinas que delatan a la siempre sapa vieja del barrio que anda loriando que hace uno, suelo ver a más de una que no aguanta, y sale como que está barriendo, y no barre pero ni para su cumpleaños la casa.

El asunto pasa de la curiosidad malsana al pelambrillo habitual y sueltan las lenguas peor de largas que las que tienen las vacas y le descueran a uno hasta el alma. La Miriam "potito de alcachofa"   y la Putísima, como le dicen a esta deslenguada, aunque la vieja se llama Purísima. Bueno, tiene su cartel la "iñora"  a la que el pobre vecino Pinto adora, la sacó del prostíbulo del "Lola Puñales", la hizo señora y se la llevó a su casa humilde y muy decente.

Ambas me tienen entre ojos y lengua, una vez que me fue a ver la Rosa López   al segundo todo el barrio estaba enterado que a mi casa había entrado una "galla" re pituca y fruncida, encarterada y con bagatelas en el cuello simulando perlas cultivadas, pero si hasta el número de pie le habían calculado diosito lindo!.   Se le notan esos calzones que parecen hilos dentales, ya ve usted que las lengua de víboras, que me perdonen las víboras por la comparación, hasta rayos X tienen en los ojos que empelotan a cuanta fulana ven de las que viene a mi casa.

La Rosita me pasó a invitar al bautizo de su hija Fernanda de seis meses.

Oiga mi señora linda, esa si que fue fiesta, hasta me dio ganas de invitar a la Juana Mascarrieles, las mesas eran exageradamente grandes donde el comistrajo chorreaba de gusto pa' todos lados. ¡Chuatas!   Ahora me vengo acordar del viejo cuento de don  Joaquín Díaz Garcés (Anjel Pino) "El bautizo" que aparece en "Pájinas chilenas" que es una colección de artículos, narraciones y cuentos que el caballero escribió entre 1897 y 1907, que además cuenta con una serie de ilustraciones del famoso cura Pedro Subercaseaux. Claro, digo esto porque no faltará más de alguien que diga: mira el pelao   Mirón de la Calle, le copió a Díaz Garcés. 

Para evitar a los Fray Apenta de estos días, que por cierto no tienen la enjundia y el cacumen del viejo crítico literario y menos rozan siquiera la capacidad intelectual y crítica de Juan de Luigi.   Je… vaya, de dónde estos "críticos" de ahora van a llegar a los talones de los que ya nombré, habrán leído o sabrá algunos de ellos quién fue Omer Emeth, aaay, que Dios nos pille confesados.

Pero si, mi amigo conventillero, de que se comió se comió, y hubo comida hasta para chuparse dedos y bigotes, de esos mostos nuevos y chacolí de los mejores había en barriles de 500 litros, era como para que tomara un regimiento completo de sedientos. Quedaron secos. Eran tres los barrilitos.


Para que le cuento las de minas que había, si en verdad, para que andamos con cosas, andaban todas con esos calzoncitos de hilos dentales, que puchas que son tentadores. Era llegar y agarrar. Y como siempre, se armaron parejas momentáneas mientras duró el condumio. Si hasta el chico Tito agarró una vieja pituca y zangoloteó con ella.

Al medio día la cazuela de pava brillaba en su gordura, acompañada de papas chilotas, zapallo, porotitos verdes y chuchoca… luego venían si usted quería mi señor, chunchules fritas en sartén de cobre y claro con el favor de Dios y la Madre del cielo los perniles de chancho era cosa de comenzar a deslonjarlos para engullir, pollos fiambres, ensaladas surtidas con harto apio y paltas, que decirle como doraban los corderos al palo en el fogón especial que había en el patio, o esas ancas de vaquilla que soltaban el chorro jugoso que daba gusto.

Tres días duró la remolienda, es que cuando ya quedaron agotados los estómagos, bueno hubo que apurarle al chocolate caliente con leche, roscas si el Hernán Rivera Letelier no cabía en sí de puro gusto de tanto comer roscas el muy ladino, nos acordamos de los sábados en casa de la Lema y esa compañía especial donde estaba la Germana, la Bruja Abarca, la Soledad, y  para que le cuento como el negro Gaytán se puso más negro de puro apurarle al tinto y al asado. El Pelao Díaz quedó más hinchado que vejiga de toro. Todo el mundo comió hasta quedar tieso.  Los perros y gatos del barrio durmieron con placer una semana de tanto comer los restos de la pichanga descomunal.

El municipio, dispuso de un camión especial para recoger las basuras que quedaron del famoso bautizo de la Fernandita. Ya ve usted poh, como la soledad en el invierno de la vida lo hace a uno acordarse de cosas buenas.


El Mirón de la Calle.

El Mirón de la calle - Callémonos María

CALLÉMONOS MARÍA

Más que centenaria. Cuando nació aún no se aprobaba la Ley del Registro Civil. Edad indefinida la de la abuela.   Murió en la paz de su vida, dicen,  que posiblemente a los ciento nueve años.  Recuerdo que mi tía abuela Bernarda decía, "la Mariita nació por el 60" (1860), murió la abuela en 1980.

Vaya a saber uno. Recuerdo que nos contaba la abuela  "a mi taitita lo escondían cuando aparecían los godos".

Cada vez que la visitábamos nos regalaba un desayuno pampino, dos huevos fritos, un bife de lomo, papas fritas un cerro, cebolla frita también, medio litro de café con leche, y dos marraquetas, si el hambre era mayor, le agregaba "ropita vieja", es decir comidas quedadas la noche anterior.

Cuando murió la abuela, se hizo un inventario de sus escasas posesiones: mesas, sillas, sofá,   las estatuas de un gato y una niña con una cesta de frutas en la cabeza, adornitos diversos en tal cantidad y de una antigüedad increíble, manteles bordados pulcramente en rococó  y punto de cruz, otros tejidos a crochet  hermosísimos y albos como niñas pálidas sin sangre.

También una tina de mármol de Carrara dicen que se la regaló el Barón de la Riviere. Un piano de tiempos de Mary Castaña cargado de un olor antiguo y picante, obsequio del "loco" Almeida. Dicen que la abuela tuvo una hermosa voz de soprano.   Lo que sí no podemos olvidar de ella era su sensualidad, su picardía espontánea y esa sutil ironía que despellejaba las pieles más duras. Mujer cabal hasta la última arruga que condecoraba su cuerpo de hembra fuerte.

 Una cocina de fierro fundido, la carnicera que colgaba desde el techo, no faltaban las trenzas de ajos, las ristras de cebollas, lonjas de charqui y tocino ahumado.   Por cierto todo casero.  Una mesa inmensa como para un centenar de comensales.

Antecedieron a la muerte de la abuela María,  con tiempo y distancia respectiva, la de sus siete maridos. Cabalísticamente siete, siete amores como siete de corazones que se fueron torcidos en el recuerdo de las noches más ardientes que la abuela vivió.   Uno a uno  tomó el camino final con la sonrisa más amplia.

Cada vez que hubo un asomo de discusión o algún mal entendido, cuando todos opinaban atropelladamente, o vociferaban, reclamando que la de cada cual era la opinión acertada, la abuela que era sabia - cuando los demás venían, ella ya iba de vuelta-  ella que lo sabía todo,   decía socarronamente: "callémonos María", y continuaba haciendo sus cosas.

Por cierto, no podemos olvidar  esa cocina de la abuela, mujer de campo criada en Las Cabras, allá por Llallauquén, y que por esos avatares de la vida   se vino a vivir a pleno desierto en las alturas de Chuquicamata, la ciudad de cobre, la "Carnalavaca" de Andrés Garafulic,  ubicada en "Las tierras Rojas", allí fue "La tumba del Chileno" al decir de Marcial Figueroa, o el "Estado Yanqui" como lo denominara Latcham.

Es Chuquicamata donde la vida del minero reptaba en barracas insalubres, mansardas infectas, inmundos subsuelos.   Donde los niños morían como moscas y donde una vez trabajó Jan Valtin, autor de la novela "La noche quedó atrás". Novela a la que F. D. Roosevelt  calificara como "El libro más terrible y más sensacional que he leído en este siglo."

A causa del bajo salario que tenía el abuelo, o que tuvieron los abuelos, en fin, que diablos, lo real es que ganaban miserias los mineros en esos años dorados de "Chuqui".   La abuela Maria instaló una pensión donde acudían a comer, una gran cantidad de trabajadores.  Famosos los ajiacos de la abuela, esa sopa criaturera   que se consume especialmente para componer la caña, después de una regada noche de ingesta de vino.

Después de todo, bueno es en la mañana un suculento ajiaco  preparado con charqui (carne seca, de res o caballo), harta cebolla que se fríe con ajos, orégano, morrón, pimienta, cilantro, perejil y comino, para enrojecer, nada mejor que ají de color (pimentón o paprika), se agrega por cierto papas en rodajas.   Al caldo humeante, al momento de servir se le agrega un huevo sin batir.

Como aperitivo es bueno un clery  heladito, (vino blanco con bebida gaseosa    de frutas).

Siempre miro la cocina de la abuela, ahora es un bello adorno que recuerda buenos tiempos.   Los adornos de cobre que dicen fundidos en Chuquicamata.  Esa Chuquicamata que no existe más, ha quedado enterrada bajo toneladas de tierra y piedras, es solo un nombre más en la toponimia de la desolación que tanto abunda en la pampa del Tamarugal y en el desierto de Atacama.   Como decía Fernando Alegría, "si muere un pueblo en el norte,/ con arena lo tapan."   


EL MIRON DE LA CALLE


lunes, 6 de enero de 2014

ELEGÍA AL CHANGO LÓPEZ






 Elegía al Chango López


Apareció este Juan, entre
piedras y covaderas
arrastrando
hedor centenario.
Pobre el hombre, tomó
su bote,
coloca languidez, más
que ollas, hambre desde
sus primeros berridos,
lleno de piojos e hilachas,
una imagen que inspiraba
olor rancio, el pasado del
que emana
esta mezcla de chango y
minero, el Juan, hijo de un
tal López, ahora
es chango y famoso,
hasta tiene un balneario,
allí, hay cualquier
cantidad de amores
y colocadas de gorro,
ya convertidas en relatos
tradicionales.

Debió ser de Coanil
siempre se lo pasaron por
la bragueta, mas
este es el destino,
le hicieron un mono de cemento
frente al hotel, a un maestro
que le sobró mezcla de
una construcción,
le encargaron la “obra”.

Dejen ya
de britanizarnos
la ciudad.

Nos basta con el
Reloj de Porquería.




El P. Lado es un vulgar,
grosero y sacrílego,
mal criado en estos contornos,
esto quiere decir,
no un allegado
como el del banco,
que le cuelgan
más que a cualquier
ser normal,
– lo que ha quedado establecido
como verdad adquirida –
amado bestia que
vive la ilusión como
un pobre, llegando
al grado cero,
mitómano que nunca sabe
lo que ocurre.
El buen vaca,
pero: y ¿Juan? Eso, es
harina de otro costal.



En aquel tiempo…
Juanito se pegó la dormida,
después, una feroz cagada,
y desde entonces, la ciudad
vive bostezando,
a causa de los flujos
de los cambios,
y continúa sus crisis de la adolescencia.
Difícil es hallar aquí
gente célebre por su valentía,
eso sí, hay rocas
eruptivas, toda clase de
minerales, las roquitas
las han ido sacando
para hacer cositas de metal,
el salitre, se fue a la cresta,
pero no faltan
los motivados por fenómenos
tendenciales que
piensan en la
vuelta del “oro blanco”.
Entonces, habrá abundancia,
mayores posibilidades
de créditos, el abaratamiento
de radios, televisores,
tocacintas, videos y películas
porno.



Juan el pobre, Juan Nadie,
el Chango López,
nunca anduvo a caballo
según cuentan;
nunca tuvo las bolas
como platillos,
claro que la gente del norte
chico, siempre cabalga burros,
por eso anda por ahí
el volantines, pues, todavía a
los aborígenes les gusta,
no olvidemos que son
descendientes
de Francisco de Aguirre, el As
de Bastos.
El contacto con la familia,
los seres amados, los ceneís, la
ciudad in crescendo. Claro
que, en asunto de negocios,
nunca tuvo éxito,
su voz y su acción reducida
al silencio,
pero tal fracaso no tiene el
sentido de un mal entendido.
¡Pobre Juan! ¡Qué gil!
Ossa lo dejaba en
pelotas,
a fin de pasar provechosamente,
dicen: Ossa no usaba jabón,
más corredor que árbitro,
muy económico, no aspiraba
neoprén, le bastaban los efluvios
de su bacinica.




Más se ve cuando más se mire.
De por ahí la gente de la
Perla del Norte, economiza agua,
ya que siempre escasea, de tal
manera que la proporción de
cochinos es enorme, no faltando
el sureño que se baña
todos los días y,
por costumbre, esa gallá
se baña porque echa de menos
la lluvia.
No falta el compadre
que asegura, que la chilenidad
empezó en San Pedro de Atacama,
incluso unos ñatos le construyeron
una casa a don Pedro de Valdivia,
él, que apenas dio una miradita
por ahí y se las endilgó para Santiago,
que entonces no era Santiago,
y de Santiago son los “sabios”
que pusieron una plaquita
en la “casa de Pedro de Valdivia”.
Claro que en cosas de historiadores
no me meto, porque no lo soy,
eso es para otro tarúpido que se las
da de conocedor, a ése
el componedor lo bautizó como
“el ladrón de pelotas”;
diré solamente que en Atacama la Chica
hicieron su gran casa de putas,
en unos toldos que levantaron,
don Pedro y doña Inés, Sancho de Hoz,
que no tenía martillo, pero
que se le paraba, reclamó
y lo acusaron de extremista,
por tocar una extremidad de la doña,
y se fue cortado por el cogote.

Después de todo, los españoles,
no bajaron a la mar que venía
grande, y se cagaron de calor
por el desierto, lo cierto es que
le dieron a Juan López, el Chango,
la oportunidad de su vida,
fue la polla gol de ese entonces,
puso sus patitas en Peña Blanca,
territorio de Bolivia, unos añitos
después, un cholo dictador,
Melgarejo, le puso nombre:
Antofagasta.
Armando Carrera de puro picado
porque la Rebeca no le dio boleto,
le cambió el nombre al vals
y la ciudad sigue llamándose
Antofagasta.
No faltan los entendidos
en cosas de toponimia,
cabalito, toponimia, no
potonimia, eso corresponde a
los potos del balneario municipal,
lo cierto es que todavía le buscan
las cuatro patas al gato,
igual como ese que busca
raíces incaicas en el nombre de
Matilla, de donde dicen que son
los alfajores que ahora llaman
de Pica, na’ que ver.

El espíritu aventurero
se fue por el desagüe,
se paraba a hacer muecas
incomprensibles,
carente de sentido biológico,
tú que me escuchas ahora,
dancemos este valse,
ves como la gente anda insana,
todo se ha revuelto,
el mirista Poblete sigue
enterrado en su letrina
del Parque Centenario, ahora le
colocaron hasta una clínica al lado,
para que recuerde sus tiempos
de médico.

No puedo olvidar, o pensar como
un futbolista cualquiera
que a Le Paige se le había
puesto que Adán y Eva eran
originarios de San Pedro de Atacama,
– dato para el huevantines –
y que el paraíso terrenal
debió haber quedado
entre el valle de Jere
y Toconao, angostito y funcional,
un paraíso de cartón, desechable
made in taiguán.
El “ladrón de pelotas”
dale con Atacama, al menos al
Luis Alberto le da por copiar a
Salomón.




A veces uno se equivoca,
“una”, dijo la Marcia Alejandra
cuando iba a ponerle unos velones
a la “santa Juanita” y
cree hallarse en Iquique,
por la enorme cantidad de
maracos que ha llegado,
eso que todavía no vienen
los marinos, ni traen plátanos
de Guayaquil,
son increíbles las cosas
mi buen Chango que pasan
en tu ciudad
poblada de vagos, sapos,
mariguaneros, Conrado Menzel
le robó la carta de Perón
al loco Cáceres, y ahora el
pobre anda repartiendo las puras
fotocopias, el tontito
Fajardo es cuento aparte.
Latcham lo tendría clasificado
como “eslabón perdido”, claro
que hay otros tontos no
menos notables y pasan
inadvertidos, y como
tales los dejaré en el anonimato.
Antofagasta sigue dormida,
sus calles desiertas,
hacen falta el Crazy y el Lola Puñales,
los jotes cagándose en la Plaza
Colón, el alcalde,
puchas que hace falta el Alcalde.

Antofagasta, antofagastita,
se va el siglo XX,
¡DESPIERTA, MIERDA!


domingo, 5 de enero de 2014

A Eduardo Díaz un recuerdo en el 5° aniversario de su muerte.





Poeta Eduardo Díaz

Pronto se cumplirán cinco años de la muerte del escritor y poeta Eduardo Díaz y parece que fue ayer que la noticia nos impactaba y quedámos  huérfanos del amigo y compañero, de la conversación diaria, del correo amigo, del poema dedicado a las amigas virtuales y cercanas.  Se fue con él un conversador extraordinario, un crítico, un poeta de tiempo completo los siete días a la semana.

El tiempo no ha borrado nada, quizás haya cambiado la perspectiva, o agregado quizás una nota distinta, o la necesaria distancia para valorar aún más sus textos, historias y poemas dejador por doquier en tantas páginas en la web.

Te recordamos hoy como siempre, porque fuiste un ser humano extraordinario, amigo de tus amigos, y enemigo de tus enemigos, con todas las de la ley;  nada de medias tintas, porque eso no fue nunca contigo.

Hoy tus letras hablan por ti.

Eduardo, un abrazo donde estés.

Luisa García


Volver al ranchito





Vamos reciclando, a ver si levantamos las ranchas de nuevo, o nofre Mirón?

Así no más es, aunque uno haya dicho mil y una veces, "no voy a volver nunca más a este cuchitril donde tanto mal he pasado". No es cierto, siempre uno reniega y luego en los recuerdos aparecen las mejores imágenes del sitio aquel, al cual uno va denostando. Cómo olvidar a mi buena amiga, la inconfundible Flakatello con ella nos litriábamos unos cuantos "hermanos carroña", y que nos acompañaba el José Pepe, los Colorados Torres y bueno hasta la Violeta Elena la vieja del milico de la banda del litro que pasaba más cocido que poto de guagua.

De que volvimos volvimos, digo yo, siempre que la dueña del conventillito nos deje la pasada a la pieza 28 poh.

Ansina no más es, güen dar con la suerte patrón, si las cosas caminan chuecas aunque uno no quiera, vio, dicen que estamos en democracia y los pacos apalean de lo lindo como si fuera en plena dictadura, debe haberse corrido una teja a la gran jefa cuando estuvo detenida y quedó marcando ocupado al 131 y los llama con guanacos y todo, en cuanto menta alguien que va a protestar a la Moneda. Oiga si ya no quedan migas en el bolsillo para sacar y pagar las compritas en el boliche de la esquina... que pagar las papas a 700 pesos, que me dice porotos verdes a dos lucas, y ya poh, pa que sigo si usted mi alma de dios la sabe tanto como yo lo carazo que está todo aquí en la Antofagacity como la bautizó el bueno de Sergio Concha.

Y putas, no se le vaya a ocurrir enfermarse, porque de seguro lo meten con camilla y todo dentro de un guater porque salas pa enfermos no quedan, y la de viejos que se van "pal patio de los callaos" porque nadie les da pelotas en la posta, la droga maravillosa es la aspirina, cuando mejor es la cachaspirina con un buen vibramencima. Aunque estos últimos medicamentos no están en el plan auge, que más que auge parece plan cementerio.

Oiga y estamos tan re mal, que hasta el polvo a las condoricosas del viejo vate les ha dado por relavar en el diario lugareño, el asunto es ostentar nombre y fama para sacar pecho, de eso la nueva columnista de la calle Latorre le sobra, pecho digo, al que no le sobra ni pellejo es al negro que también se fue al diván, lo corrió y sacó para el jaiteo sobras escogidas del viejo duende, el habilidoso crítico debe cuidarse de los ácaros del papel que es peligroso para su salud. Si les contará lo que tengo en casetes cuando aseguraba el "santo" de la calle Bandera que "a la Gabi le gustaban las minas y que había corrompido a la "Laurita Rodig",pero si hasta a la Fidelia, tu sabes... y que te cuento cuando hizo leso a don Alejandro Escovar i Carvallo como se firmaba" me lo contó delante del Dr. don Antonio, en la calle Uribe 666, donde el piadoso poeta vivía, reitero y grabadito lo tengo con la voz aguardentosa del hombrón.

Puchas razón tenía don Miguel de Unamuno y Jugo cuando decía que esos pegajuleros de añadidura que escriben en los diaritos provincianos para ostentar para la vanidad lugareña. Por eso, yo escribo para El Conventillo. Lugar donde se conservan las lenguas y la vanidad se va a la cresta..
Y la guinda de la torta, es que ahora, si ahorita, nominan santuario de ballenas las costas de la II región, quién lo dijera, si don Antonio Vásquez Espinosa, el cura carmelita que dejó para la posteridad su libro sobre las "Indias Occidentales", o sea, nosotros los deste continente incluyendo a los rubios de ahora, pues cuando vino don Antonio, dicen que por allá por el 1625, ni luces de ellos todavía, no habían venido a hacer degollina de indios los descendientes del "Mayflower". Si
Don Antonio dejó unas maravillosas páginas en las que nos consigna una de cosas de nuestra ascendencia, que quedamos hasta ahora con la boca abierta, y entre otras, estaba entonces la enorme cantidad de cetáceos que existían por estos lares, y nuestros changos usaban retoitito el animalito para todos los menesteres, si hasta se embetunaban con aceite de ballena y desde lejos se les veía brillar como si fueran hombres de oro caminando entre Tocopilla, Cobija y Peña Blanca.
Pero bueno, volvamos a El Conventillo, si cuando fui de nuevo a instalarme en mi pieza, la 28, adivine quienes estaban debajito del eucaliptus dándole duro a la sin hueso, yaaa, nada menos que las más deslenguadas y despiadadas de las viejas, hacen medio milenio de años entre las cuatro: la gorda sebosa de la Morelia más arrugada que elefante marino, las flaca sin tripa de la Milenka que parece huesos con arrugas, para que le cuento la deshollejada Pérez y la Corina poto de alcachofa.
Dios nos libre, le daban a la lengua como esmeril de cerrajero, si no le dejaron espacio que no le picotearon al "borrao" González, hermano de "palito en el poto" y primo del "sanguche de queso"a los que no se por qué pelaba el finaito del Mario Cortés. Lo que menos le dijeron que era un cafiche, y pobre diablo muerto de hambre que si no es por la Delfinita no tiene donde caerse muerto, oiga si hasta dijeron que al "borrao" le gustaban las patitas de chancho que lo habían visto perdido en la soledad y los ojos viscos en los "guateres" del mercado municipal, haciendo el amor con "el toronjil cuyano". ¡Qué viejas! Calculan que para cada una deberán colocar un cajón extra cuando se mueran porque en el segundo cajón deberán colocar las venenosas lenguas de las viperinas.

Y mire que si me fui pal lao de las chacras, lo que yo les iba a contar es que me estaba preparando un ajiaco contundente y porotos con chunchules pa celebrar el 18 como Dios manda, y bien regao con vinito de "los hermanos carroña". Oiga mi querido público lector, dejo pendiente las recetas del ajiaco y los porotos con chunchules pues se me anduvo pasando la mano con el litriado y mejor dormiré una tantito... hasta pronto.

El Mirón de la Calle.

Publicado en  el Blog El Conventillo 06/09/08

El gil que perdió un libro en la Feria de Chalequinahue




Divertida esa de "cloro añejo", arrechúnchamelo y arremángamelo, que sentir una casa señorial con ese olor, debiera ser olor a trementina o miriñaque, digo yo, por los ancianos que deben morar ese sitio, y de seguro también olor a naftalina, o por último a flores secas y mustias como esas viejitas que se las dan de poetas en el invierno de sus vidas, viejos con transparencia de fantasmas, una feria gerontológica, posiblemente la casita esa, tenga un rinconcito donde tomen sus penas los caballeretes pues como pasan apenados, a lo mejor, digo yo, se la pasarán tomando. Cuestión de envidia nada más. 

Disque se da vueltas por ahí una viejita con un perrito que ladra afirmándose en las sillas por que es tan viejecito como la dueña y cada vez que ladra se le cae un diente, ahora le están colocando al pobre quiltro una placa dental.
Otra dama con cara de plato y lengua suelta, y que en cada uno de sus libros siempre coloca sus fotos de cuando tenía quince años, viste como gitana y luce unos sombreros estrafalarios, y bueno otras más hacen lo mismo pero, la señora Z, lleva el estandarte, de poca finura para hablar y glotona como ella sola, si usted le coloca una olla se la traga completa hasta con saltaduras.
Me estoy poniendo pelador como la flakatello.

Si le contara las de historias que tiene la flaka, no dejó títere parado en su vecindario y le decían la gallina con horno por lo caliente que es, otros más cuicos le pusieron la microondas.
Y si le contara las aventuras de una viejita chica que la llaman la saca corchos, pues como ella misma lo dice "a todos estos me los he violado",¡qué de cosas mi señor! y cómo no voy a estar contento si me acuerdo de las aventuras que contaba hace años el finado Martín, escalofriantes, o la de ese señor que tenía una botillería dentro de la casona y le llamaba un rincón pa… cu… es decir peculiar eufemísticamente era una sala de cultura y cobró en oro por sus tragos… y todo esto por mentar una casa con olor a "cloro añejo". 

Bueno, el último mandamás de la casita, mejor dicho el penúltimo, columpiaba alegremente a la secretaria hasta que de tanto columpiarla se sacaron la contumelia y debieron irse con viento fresco y una cuenta de verdulería donde preparaban cócteles. Esto se va pareciendo a una cuenta de la sociedad de escritores de Chile.

¡Guen dar con la suerte patrón!, decía mi tío Cayo, viejo venido desde Logroño, antes de la Guerra Civil, y que le gustaban los dichos guasos, el viejo era tan, pero tan re cagado que todos los días hacía porotos bayos, tenía millones y sin embargo sólo porotos era la mesa, que ¿lentejas? No, eso era un lujo sibarítico, y eran sólo porotos con agua, sal y ají de color, variaba sí, pero sí que variaba, un día era con fideos llenos de gorgojos, otras con los mismos bichitos pero de mote, cuando era mucho, bailaban algunos chicharrones o unas traguas malolientes que le regalaba un carnicero amigo.

En fin mi tío na que ver en este cuento de la casa y el loco ese que quería vender su "besseller coquimbano" a diez lucas en la feria del libro, me tiene intrigado la flakatello que dijo que me iba a contar otros pelambrillos. Sobre todo de un tal Contreras que cambió el olor hasta de sus flatos con la millonada que agarró en la SECH.

A propósito, esa sociedad de escritores de Chile no ha dicho esta boca es mío ante la persecución en contra del poeta Ernesto Cardenal, huésped de Chile en varias oportunidades. De seguro esperan una orden del C.C. 

Yo creo que el chico Rivano debe acordarse del gil ese que fue con una feria del libro a Chalequinahue donde sólo viven treinta personas, diez gatos, veintisiete perros y dos pacos, tres cabros chalequinahueños van a la escuela y será gil, le robaron un libro de cien lucas…. Jajajajajajajaja.

 ¿A quién se le habrá ocurrido hacer una feria en ese abandonado pueblucho de Nahuelbuta? Y más encima le roban un libro que equivale a casi todo su capital. Está bueno por hoy, que se me seca la lengua, no vaya ser cosa que me confundan con un escritor de esos que beben alcohol como dijo alguien en una carta a otra alguien…

Chao 

Y, cuídense del Fray Apenta que siempre anda con la lengua y la cuchilla afilá… aunque el viejo murió hace añales. 

El Conventillero

Publicado en el Blog El Conventillo 07/09/08

El día en que dos "peotisas" se agarraron por los huesos




Ya nadie se acuerda del famoso huesito de la virtú, que pasaba de casa por casa hasta que ya no tenía nada que soltar para la cazuela. Sorber la médula de los huesos del osobuco, ese era otro asunto por el que se relamían los bigotes serios caballeros. Y los huesos de chancho con alguna carnecita y manteca pa los porotos.

Se de un amigo mío que ahora, apenas le dan porotos, con cuatro daditos de zapallo y harta acelga. Y nada más, sin condimento alguno.
Pero lo que si fue para la risa cuando a mi tía Evarista se le quebró la placa dentaria por morder un huesito de cordero y se tragó media placa, cuando la vio el médico le dijo: "señora, usted tiene alguien que se esta riendo por atrás, porque le veo algunos dientes más alegres que los pillastres que se lucran con el TranSantiago."

Oiga, sabe, la olla de los poetas por lo general es bien escuálida, pues como son puro espíritu y alma, se pasan metido en cuanto recital, lanzamiento de libros, inauguración del monumento a las manos, ah ¿pero que no sabía? Levantaron una monumento a las manos moras que dejaron si un centavo a la SECH. Habrá cóctel elaborado por una frutería, cuando descubran la plasta monumental. El Comité Central en Pleno asistirá al acto inaugural.

Los escritores, van a todos los cócteles y paradas. A comer se ha dicho, si no dejan ni los cuescos de las aceitunas, y se ha fijado que algunos llevan una estratégica bolsita donde guardan canapés queso y todo lo que se puedan llevar.

Si de comer se trata, hicieron tantas comilonas las huestes de papá Lacámara que bueno ahora la casa del escritor huele a basura acumulada, papeles cagados y a los talleristas les castañetean los dientes de frío. Y como se perdió la memoria, disco duro, papeles y recibos, nadie sabe nada, pero todos saben a que bolsillos volaron los pesos, que al próximo billete que ha de emitir la casa de moneda tendrá la efigie de un tal Gonzalo. A contrataron a un tipo para que limpiara el local pero este le agregó su hedor inconfundible patas, bolas y toda la cocina inmunda (Herrera), cocina y casa que brillaba cuando estaban doña Minita y Fernando.

Y todavía enviaron una rendición de cuentas más falsa que Judas. Hay que tener cara de raja y los que hablaban guardan respetuoso silencio. Le están cubriendo las espaldas a uno que ya está acostumbrado a robar con estilo de los fondos que se percibe por la Ley de Libro o el Fondart.
Estos de los huesos da para mucho.

¿Y las peotisas? Es que ni se lo imaginan mi doña por dios, o mi santo caballero. Un connotado médico, dio una manifestación pantagruélica en un elegante restaurante a los escritores de su comuna. Hubo para comer hasta quedar botados. Y un cerro de huesos, muchos de ellos con carne roja y jugosa.

Dos conocidas peotas, una de ellas había plagiado completica una trova de Silvio Rodríguez, y la publicó como de ella. La otra más discreta solo aparecía de vez en cuando en alguna página literaria del periódico comunal.

Al momento de las despedidas, ambas con sendas bolsas la llenaron de los huesos y restos de comida, "restitos para el perro", y quedaba un último hueso, tal vez el mas carnosos y ambas movieron sus manos como imán para agarrarlo.

Hay virgencita de los siete mares, nunca vi tan feroz batahola, las dos muy emperifolladas señoras soltando el más puro y selecto lenguaje de castiza estirpe de rotos. "Pero weona re cu… lo tomé yo… "y que te creís tú, yo soy una señora, vos una vaca re … que tenis hijos de vaya a saber quien"…. "me ai visto c… parada, el rubio ojos azules es del gringo ese que te llevó a La Rinconada y allí andabai en pelotas como loca" 

"Claro y vos corriste con los calzones en la mano cuando desfilaron los de la escuela militar, te meabai sola", y eran señoras. Siii muy respetables damas que siempre aparecían en los diarios.
Para evitar mayor escándalo, el prudente médico que nos invitó, pidió a dos enormes mozos que las separaran y las dejaran de patitas en la calle.

Otro encuentro ocurrió a causa de un dulce, pero eso es otro cuento.
Moraleja, no invite a nadie que lleve huesos para la casa después de un asado. 

El Mirón de la Calle 

Publicado en el Blog El Conventillo 07/09/08 ·